Hay rosados de alta costura, incluso de guarda, que mezclan la elegancia provenzal con la frescura y la identidad del terroir y que son perfectos para beber en verano. Rosados, en definitiva, por los que merece la pena pagar un poco más.

"Bebo cuando estoy feliz y cuando estoy triste. A veces bebo cuando estoy sola. Si tengo compañía lo considero obligatorio. Coqueteo con él si no tengo hambre y me lo bebo cuando la tengo. De lo contrario nunca lo toco, a menos que tenga sed". Las declaraciones de Madame Bollinger para el London Daily Mail en 1961 no han perdido significado con los años. Al contrario, se mantienen más actuales que nunca. Está demostrado que una botella de champán en una mesa invita a extender una conversación, la hace incluso más locuaz y, entre muchas otras cosas, anima a pedir la segunda. Lo decía Dickens, "el champagne es uno de los extras elegantes de la vida". Es la elegancia en sí misma. El estilo y también la extravagancia. El champán es el vino más valorado en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, a plena luz del día o bajo la luna, para celebrar un éxito o para aceptar una derrota. Pero como todo lo bueno de esta vida, hay que aprender a apreciarlo.

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